En la era digital, la difusión de contenidos personales, especialmente los de naturaleza íntima, se ha convertido en una práctica común, a menudo vehiculada a través de plataformas dedicadas que prometen un cierto grado de control sobre su difusión. Sin embargo, el límite entre lo que es legítimamente compartible y lo que excede lo ilícito es sutil y está en continua evolución jurisprudencial. La reciente Ordenanza del Tribunal Supremo n.º 30169 de 2025 se inserta precisamente en este delicado contexto, ofreciendo una aclaración fundamental sobre los límites del consentimiento a la difusión de vídeos sexualmente explícitos y sobre la aplicación del artículo 612-ter del Código Penal, conocido también como "revenge porn".
El artículo 612-ter c.p. se introdujo en nuestro ordenamiento para responder a la creciente problemática de la difusión no consentida de imágenes o vídeos de contenido sexualmente explícito. Esta norma castiga a quien, tras haberlos adquirido o recibido, los difunde sin el consentimiento de las personas representadas, causando un grave perjuicio. El legislador ha pretendido tutelar la libertad y la integridad moral de las víctimas, a menudo expuestas a una humillación pública devastadora. El Tribunal Supremo, con esta ordenanza, se enfrenta a una tipología específica, la de la difusión en plataformas con acceso limitado, como Onlyfans, donde el consentimiento inicial a la visualización se otorga solo a un destinatario específico.
El caso examinado por el Tribunal se refería al acusado M. P.M. L. M. F., implicado en la transmisión a terceros de un vídeo de contenido sexualmente explícito, originalmente publicado en una red social con acceso limitado (en la especie, Onlyfans). La particularidad del asunto reside en el hecho de que la persona retratada había consentido la visualización del contenido por parte de un destinatario específico, pero no su almacenamiento ni, mucho menos, su posterior difusión. El Tribunal Supremo, con la Presidenta Rosa Pezzullo y la Ponente Matilde Brancaccio, ha reiterado un principio crucial:
Integra el delito de difusión ilícita de vídeos sexualmente explícitos la conducta de quien, habiendo tenido legítimo acceso a un vídeo presente en una "red social" que prohíbe a los usuarios el almacenamiento de los contenidos recibidos en visión (en la especie, Onlyfans), lo graba y lo transmite a terceros sin el consentimiento de la persona retratada, en cuanto el consentimiento expresado en el momento de la compartición se limita a la visualización por parte del único destinatario del contenido.
Esta máxima es de extraordinaria importancia. Aclara que el consentimiento, cuando se trata de contenidos íntimos, es extremadamente específico y limitado. El hecho de haber tenido "legítimo acceso" a un vídeo no autoriza en modo alguno a hacer un uso distinto del pactado. Si una plataforma prohíbe el almacenamiento o la compartición externa, el intento de eludir tales prohibiciones –por ejemplo, grabando la pantalla– y el posterior reenvío a terceros, configura un comportamiento ilícito que entra plenamente en el ámbito del art. 612-ter c.p. El Tribunal subraya que el consentimiento inicial está circunscrito a la "visualización por parte del único destinatario", excluyendo cualquier otra forma de divulgación. Este principio se alinea con precedentes conformes, como la N.º 25516 de 2024, reforzando la tutela de la privacidad individual en el entorno digital.
Las consecuencias de esta ordenanza son múltiples y relevantes tanto para los usuarios de contenidos digitales como para quienes los crean. He aquí algunas implicaciones prácticas:
Esta resolución sirve de advertencia: la libertad de expresión y de compartición en las redes sociales encuentra un límite infranqueable en el respeto a la dignidad y a la privacidad ajenas. La "legítima adquisición" de un contenido no es una licencia para hacer con él lo que se quiera.
La Ordenanza n.º 30169 de 2025 del Tribunal Supremo representa un paso significativo en la lucha contra la difusión ilícita de vídeos sexualmente explícitos. Al reiterar que el consentimiento es específico y no extensible a usos no autorizados, especialmente en plataformas que limitan el almacenamiento, el Tribunal refuerza la protección de la libertad individual y de la privacidad en la era digital. Para los profesionales del derecho, esta sentencia ofrece una clara guía en la aplicación del art. 612-ter c.p.; para los ciudadanos, es un recordatorio esencial sobre la importancia de un uso consciente y respetuoso de las tecnologías, subrayando que cada acto de compartición en línea tiene implicaciones legales y morales que no pueden ser ignoradas. En un mundo cada vez más conectado, la tutela de la esfera íntima y la lucha contra el "revenge porn" requieren una vigilancia constante y una interpretación de la ley que esté a la altura de los nuevos desafíos tecnológicos.