La orden de acuerdo de pena representa uno de los puntos cruciales de la justicia penal italiana: permite definir el juicio con una pena acordada, reduciendo tiempos y costes. Pero, ¿qué sucede cuando el acusado, imputado por un delito contra la Administración Pública, subordina el acuerdo a la exención de las penas accesorias? La Corte de casación, con la sentencia n. 12309 depositada el 28 de marzo de 2025, aborda precisamente esta delicada cuestión, ofreciendo una aclaración destinada a incidir en las estrategias de defensa y en la actuación de los jueces de instancia.
Dos son las normas clave a las que se refiere la sentencia:
La tensión entre las dos disposiciones es evidente: la facultad de pactar la exención colisiona con un régimen legislativo que, por razones de tutela del interés público, hace ineludibles las penas accesorias.
En materia de acuerdo de pena, el juez, llamado a decidir sobre la solicitud de pena de prisión acordada que no exceda los dos años de reclusión por uno de los delitos contra la administración pública indicados en el art. 317-bis del Código Penal, si la solicitud ha sido subordinada, ex art. 444, apartado 3-bis, del Código de Procedimiento Penal, a la exención de las penas accesorias, no puede considerar la condición no impuesta y ratificar el acuerdo en la parte restante, imponiendo, "de oficio", dichas penas, sino que está obligado a rechazar el pacto en su totalidad.
La máxima, cristalina, impone al juez no «salvar» el acuerdo limitándose a aplicar de oficio las penas accesorias. En presencia de una condición no admisible – la exclusión de las sanciones accesorias – todo el pacto debe ser rechazado. De ello se derivan:
La decisión se inscribe en la línea trazada por las Secciones Unidas n. 23400/2022, que ya había destacado la intangibilidad del acuerdo de pena salvo consentimiento de ambas partes. Respecto a la anterior Sección VI n. 14238/2023, la sentencia comentada refuerza el principio de tipicidad de las condiciones: aquellas incompatibles con la ley determinan el rechazo, no la modificación unilateral.
Cabe destacar, además, la referencia a la ley 9/2019 (la llamada «spazza-corrotti»), que ha endurecido el sistema de penas accesorias para los delitos de corrupción, reforzando la ratio punitiva y preventiva que sustenta el art. 317-bis c.p.
La sentencia advierte a la defensa que evalúe con atención las condiciones a añadir a la solicitud de acuerdo de pena. Incluir la exención de las penas accesorias corre el riesgo de convertirse en un boomerang, determinando el rechazo del acuerdo y la prolongación del proceso. Un enfoque prudente podría consistir en:
La Casación n. 12309/2024 reitera que el acuerdo de pena es un pacto «en paquete»: o se acepta íntegramente o debe ser rechazado. En el delicado equilibrio entre eficiencia procesal y tutela de la integridad de la Administración Pública, la Corte privilegia esta última, sancionando la irrenunciabilidad de las penas accesorias ex art. 317-bis c.p. Una toma de posición que refuerza la línea de tolerancia cero hacia la corrupción y llama a defensores y acusados a una elaboración más rigurosa de las propuestas transaccionales.